Agustina Caride

 

Nací en 1970, cuando agosto estaba terminando, en un viejo departamento donde los muebles tenían nombre. Así eran las cosas en mi casa: yo buscaba los platos en Esteban, sacaba las servilletas de Paloma o tenía que regarle la tierra a Alejandro. Desde entonces, me quedó la costumbre de hablar con los objetos. Y aunque muchos me digan que estoy loca, también me quedó la convicción de que ellos son capaces de contarme historias. Y para eso, ¡no hay mejor objeto que un libro! Así que decidí estudiar Letras en la Universidad de Buenos Aires, donde los libros me convencieron de escribir mis propios cuentos.

Mi primer libro, Y sin embargo no llovió, fue para grandes. Pero al ser madre los pañales, los sonajeros, la mochila y las zapatillas en miniatura, me fueron regalando ideas para los chicos.

Así publiqué Cuentos con historia, Cuando ella supo quién era Goldambeck y ahora también Panambí. Pero no importa si es para grandes o para chicos, siempre hay algo escribiéndose en mi computadora. Que, por supuesto, tiene nombre y se llama Margarita.

 

 

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